Así lo señaló el secretario en el Exterior del Partido Comunista de Chile, Diego Aguirre. Lo hizo desde Berlín, la ciudad donde vive desde hace varios años, a la hora de analizar lo que dejó la jornada electoral del domingo pasado donde AfD volvió a ganar, esta vez en el Estado Federado Meck-Pom, mientras que Die Linke triunfó en la capital del país.
Después de los comicios regionales en los que dos semanas antes triunfó en Sajonia-Anhalt, el domingo pasado la ultraderechista AfD repitió en el Estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania (Meck-Pom), donde logró el 38 por ciento de los votos, tres puntos porcentuales más que el Partido Socialdemócrata (SPD), en tanto que en el lote de quienes consiguieron sólo un dígito quedaron Die Linke, los Verdes y el partido del canciller Fiedrich Merz, la Unión Cristianodemócrata (CDU) que hizo la peor elección de su historia en tierras pomeranas. Y ese mismo día, un poco más al sur, en la capital alemana, quien festejó fue Die Linke que cosechó uno de cada cuatro votos, lo que le alcanzó para superar a la CDU, aunque para poder formar Gobierno va a tener que sentarse a negociar algo que tiene perspectivas de hacer con los Verdes y los socialdemócratas.
“A nivel mundial, en Europa y también en Alemania desde hace bastante se desarrolla este fenómeno de derechización hacia lo ultra con el resugimiento de ideas fascistas, protofascinas y neofascistas”, advierte en diálogo con Nuestra Propuesta, Diego Aguirre, quien es secretario del Partido Comunista de Chile en el exterior y vive en Berlín desde donde nos ayuda a reflexionar acerca del significado que tiene los resultados electorales que se vienen dando en Estados federados que componen la República Federal Alemana.
-¿Qué importancia tienen las elecciones del domingo pasado?
Por u lado son una especie de termómetro que va mostrando hacia dónde se dirige la opinión pública y, por ende, hacia dónde pueden ir las próximas elecciones generales federales que por lógica deberían pasar dentro de algunos años. Pero dada la actual dinámica política no hay garantías de que el canciller Merz y su partido la CDU puedan seguir gobernando a la luz de las reiterados traspiés que sufrieron en varias de estas elecciones.
Pero también hay que tener en cuenta que en Alemania existe una dualidad de gobiernos. Uno es el Parlamento, el Bundestag, donde los partidos tienen representaciones a través del sistema de elecciones generales y ahí eligen al canciller que es quien determina quiénes integran su gabinete. Pero hay otra instancia que es donde se toman las decisiones a nivel del Estado Federado, que son los presidentes de cada uno de estos Estados que componen Alemania y estas elecciones como las realizadas en Meck-Pom y en Berlín son las que permiten elegir esos presidentes. Por eso es que el hecho de que una fuerza fascista surja como ganadora en este tipo de elecciones, genera una representatividad en una instancia de gobierno, el Consejo Federal, donde tendrían derecho prácticamente a cogobernar en decisiones federales.
-AfD va ganando presencia a nivel nacional...
Aquí es donde está el mayor peligro, porque a esta ultraderecha se le comienza a dar a nivel nacional una voz que genera mucho ruido, ya que si comparamos las últimas dos elecciones parlamentarias, vemos que la AfD duplica sus votos para llegar a un nada despreciable veinte por ciento de toda Alemania...uno de cada cinco alemanes vota por un partido que ha sido catalogado como de extrema derecha, un partido que dentro de sus principios proclama que es preciso cortar la inmigración e iniciar un proceso de expulsión de los extranjeros, lo que incluye a aquellos que han sido nacionalizados pero que no cumplen con los criterios “puristas” que ellos establecen para que puedan ser considerados alemanes.
-¿AfD va a formar Gobierno en Meck-Pom?
El hecho de que haya ganado un partido no significa automáticamente que vaya a gobernar, ya que para hacerlo deben negociar coaliciones a partir de la correlación de fuerzas existente en sus respectivos parlamentos. En el caso de Meck-Pom durante mucho tiempo gobernó el SPD a través de una figura histórica, Manuela Schwesig, quien es una mujer muy capaz y reconocida, que fue el motor para que en las recientes elecciones la SPD no fuera derrotada por un margen superior.
Ahora bien, la AfD como fuerza que viene arrasando fundamentalmente en las zonas rurales de la Alemania del este, sacó un porcentaje mucho mayor, pero como resultado del cortafuego que han puesto los partidos que se autodenominan democráticos, no podría conformar una alianza que le permita gobernar. Y, en este caso, lo más probable es que el SPD haga un pacto con Die Linke y los Verdes y con eso le alcanzaría para mantenerse en el gobierno.
-¿Y qué pasa en Berlín?
Aquí el caso similar, ya que gana Die Linke que es un heredero lejano de lo que fue el Partido Socialista Unificado Alemán que gobernó la DDR, pero que se ha distanciado claramente de esa historia. Es un partido que con las últimas elecciones para alcalde estuvo a punto de desaparecer y ahora dio la sorpresa sacando alrededor de un veinticinco por ciento de los votos, lo que lo convierte en la primera fuerza política en Berlín, pero en esta ciudad que tradicionalmente es de izquierda, AfD se consolida como la tercera fuerza con una votación cercana al veinte por ciento. También en Berlín, uno de cada cinco personas vota por este partido de extrema derecha.
Por eso es que el panorama es similar...que haya ganado uno u otro no quiere decir que la cosa sea mucho mejor. Y, entonces, lo que en estos momentos se está intentando evitar es que la AfD sea la primera fuerza política de extrema derecha que forme Gobierno. Y que lo haga con un programa muy reaccionario, agresivo y simplista basado en un populismo que, como bien se sabe en América Latina, tiene la ventaja de ser directo y sabe tocar en cosas que realmente le preocupan a la población, pero que también es hábil para elaborar un discurso que distorsiona las causas de estos problemas.
-El criterio del cortafuegos llevó a constituir la Coalición del Semáforo que gobernó en regiones y a nivel federal ¿Pero acaso ese mecanismo no acabó exhibiéndose como un diseño palaciego para maquillar los problemas, mientras que AfD habla de esos problemas y, a su manera, propone soluciones?
Sabemos que la tarea antifascista muchas veces fracasó porque no se lograba generar estos cortafuegos que no solamente debe ser un tema de coalición, sino de la creación de un programas comunes que permitan ofrecer algo a la ciudadanía que sea más atractivo de lo que pueda ofrecer la derecha extrema que, como en todo el mundo, en Alemania ha sabido quizás mejor que nosotros recoger la necesidad concreta de la gente y explicar lo que sucede de una manera muy sencilla, aunque por cierto mentirosa.
Hay un tema de la batalla cultural que quizás, como izquierda, nosotros hemos perdido comparado con la extrema derecha, que logra reinterpretar de una manera muy sencilla la contradicción entre trabajo y capital. Entonces, por ejemplo aquí dicen “la contradicción tiene que ver entre alemanes y quienes no lo son” o “el contribuyente y el refugiado que recibe plata del Estado”, “el campo que genera el alimento y la ciudad de parásitos”, “el Este perjudicado por la reunificación y el Occidente rico que lo sigue explotando”, “el pueblo que somos nosotros y la élite cosmopolita de las grandes ciudades”, “la normalidad de nuestra cultura y el progresismo con su ideas arco iris”.
Ellos no necesitan negar un malestar social que existe. Lo que hacen es proporcionarle a ese malestar social una causalidad, que no es cierta, pero que es más fácil de asumir por buena parte de las personas.
Eso no ha podido ser generado por el espectro de los “partidos populares” como se les llama en Alemania, porque tienen sus propias contradicciones que van desde el conservadurismo de derecha pasando por el los liberales de Libre, el SPD y los Verdes hasta el progresismo de izquierda de Die Linke que representa valores propios del socialismo pero sin poner en el centro a la lucha de clases, ya que confía en la transformación de la sociedad por medio de herramientas que entrega la democracia burguesa. Que todas estas fuerzas se pongan de acuerdo en muy difícil.
Entonces, en Berlín, la CDU que es tradicionalmente el segundo partido más fuerte, no creo que esté dispuesta a hacer una alianza de Gobierno con Die Linke, ni siquiera para establecer este cortafuegos que frente a AfD. Y ahí aparecen otros actores que se convierten en bisagras como el Movimiento BSW que se creó tras una escisión de Die Linke, que tiene un planteamiento muy cercano al de AfD, manejando un discurso populista pero desde una supuesta visión de izquierda. Ambos tienen las mismas nociones de antiinmigración y BSW está dispuesto sentarse a hablar de una coalición con la AfD.
Esto significaría que AfD y BSW podrían formar Gobierno en estados donde ambas fuerzas reúnan votos suficientes, algo que en Berlín no les resultaría fácil porque lo más probable es que se genere una alianza entre el SPD, los Verdes y Die Linke. Pero hay que aclarar que los Verdes y el SPD exigen que Die Linke cambie su postura respecto a Palestina e Israel, porque en Alemania es común que cualquiera que se pronuncie contra el genocidio que se perpetra contra la población palestina sea considerado antisionista. Y a esa lógica no escapan los Verdes y la SPD.
-Panorama complicado para ella arco que va de la centro izquierda hacia la izquierda…
Así es y en Berlín, al ser la capital del país, si no se logra generar una alianza en contra del fascismo basada en un programa que claramente favorezca a la población, es muy probable que dentro de cuatro años la ciudad que siempre ha sido roja se acabe por convertir en una “ciudad azul”, por los colores de AfD. Y eso sería una pérdida para Alemania y para todas las ciudades progresistas que aún existen en Europa, que ya no son muchas.
-Ante esta derecha que se presenta como anti sistémica, que utiliza con mucho éxito significantes vacíos para interpelar a una población que descree de la lucha de clases, de la institucionalidad liberal burguesa y a la que le cuesta mirar más allá de su metro cuadrado ¿Es posible resemantizar ese significante?
Primero hay que comprender cuál es la problemática de la gente y por qué es que encuentran espacios estas respuestas simplistas y agresivas que tiene la extrema derecha. Aquí se hacen lecturas bastantes simplistas también para explicar esto que sucede y se dice que “el Este siempre fue autoritario”, entre otras caricaturas que se van creando. Pero hay que ver realidades: la AfD creció en el Este de Alemania y últimamente también ha ganado fuerza en el Occidente. También hay que comprender que en el proceso de reunificación, gran parte de la población del Este se sintió desposeída, subordinada y que se menospreciaba la propia cultura que desarrollaron durante los cuarenta años de la DDR.
Asimismo, la idea de “izquierda” que como partido popular en Alemania representó la SPD, se ha ido perdiendo conforme la clase obrera sindicalizada se fue alejando de esa fuerza. Y ahora el partido que más representatividad tiene dentro de la clase trabajadora y de los más desposeídos es la AfD.
-El sujeto agredido por el sistema capitalista asume como propio el relato del agresor…
Este es un fenómeno que vemos también en América Latina donde la gente de menores recursos, los más explotados, no ven ni conocen la contradicción que existe y por la cual son pobres, sino que la reconocen con los argumentos que entregan los partidos de derecha. Entonces esos partidos dicen: “el sistema no funciona para ustedes, nosotros nunca hemos estado en el poder, ofrecemos romper este sistema y traer ideas frescas”, todo en un contexto en el que desde la prensa se recalca permanentemente que la izquierda y el resto de los partidos tradicionales han fracasado. Y también en el que, a veces, la izquierda tiene miedo de hablar de cambios profundos, por lo que se vuelve muy difícil explicar en qué consiste un proyecto de izquierda. Esto es algo que debemos asumir en Europa y también en algunos casos de países latinoamericanos.
-¿Cómo juega en todo esto el temor a ese otro “cercano y peligroso” que la derecha personifica en la persona migrante?
En Alemania siempre ha existido una inmigración, incluso fue fomentada en el caso de los “trabajadores visitantes”, como se llamaba a los que vinieron merced a la política impulsada durante la época del “milagro económico” de la década de 1960 para reforzar el desarrollo de la estructura industrial. Fundamentalmente esa inmigración se nutrió por personas turcas que hoy son una parte de la comunidad alemana.
Pero durante 2015 vino la avalancha de los refugiados de guerra sirios, después pasó algo similar con personas provenientes de Afganistán, algo que también se replicó con ucranianos a partir de 2020. Eso se convirtió en un caldo de cultivo para el desarrollo de esa mentalidad en la que cada uno cuida su metro cuadrado...se olvida de lo colectivo y lo social.
En medio de este panorama, AfD juega con los mismos elementos que vemos en América Latina y fomenta un discurso en el que “el inmigrante tiene la culpa de que yo no tenga trabajo y del incremento de la delincuencia”, pero además “quiere mis cosas, le dan dinero que me corresponde a mí y viola a mis mujeres”. Y con todo este tipo de argumentación, al igual que el resto de las derechas, AfD construyó una maquinaria comunicacional poderosísima a partir de plataformas como tick-tock, donde propala mensajes cortos con datos sacados que contexto que generan un impacto profundísimo en muchas personas que los asumen como propios y los repiten.
-¿Y cómo pararse para evitarlo?
El trabajo por abajo es el elemento más importante para la llegada de las ideas de cambio al conjunto de la población, además de ser el motor que puede llevar al cambio de las condiciones de poder. Entonces el camino se hace un poco largo: tenemos un obrero de fábrica que está vinculado a un sindicato que puede llegar a tener influencia sobre los partidos y generar una corriente de opinión. Pero la derecha actúa de modo diferente y más corto: tiene una persona que está totalmente frustrada que agarra un teléfono que trabaja con determinados algoritmos en redes sociales y, por ahí, recibe su contenido político que es más fluido, permanente y de mayor impacto que el que nosotros acostumbramos a llevar como información.
Llegamos tarde al uso de estas tecnologías y plataformas dentro de una batalla cultural, mientras que la derecha extrema domina todo esto. Por eso se hace muy difícil plantear alternativas si no se está en las fábricas, en los sindicatos, en las calles...estar en la población porque es ahí dónde está la gente que realmente vive los problemas que derivan de esta crisis.
-Muchos se sorprenderían al oír que la palabra crisis se asocia con Alemania...
Alemania vive una crisis de crecimiento. La pandemia golpeó muy duro. Alemania se ha vuelto un mercado no competitivo, es un país productor de automóviles que, hoy por hoy, se ve enfrentado a una industria automotriz mucho más pujante que viene desde la India y China, algo similar a lo que pasó con Estados Unidos décadas atrás. Esto hace que cierren fábricas y otras se transformen para producir armamentos, mientras aumenta la incertidumbre en una sociedad que no quiere guerras.
Estamos ante una crisis de hegemonía. El modelo económico y social está en crisis, algo que provoca inseguridad material, lo que hace que se vayan perdiendo expectativas respecto a dónde llegar y eso provoca desconfianza hacia las instituciones existentes, por eso es que penetran discursos del tipo de “con los impuestos me roban mi dinero”, al tiempo que se cuestiona a los partidos existentes porque se los ve como parte de esta maquinaria estatal.
Todo esto debilita a las organizaciones obreras y a las mediaciones colectivas que puedan existir: es el “sálvese quien pueda”. Ese malestar político que muchas veces es inconsciente, es aprovechado por la extrema derecha y, entonces, hay que competir por darle significado a ese malestar y ofrecer alternativas concretas que tengan que ver con los problemas reales como es el de la vivienda en el caso de Berlín. Die Linke encontró quizás un discurso que va enfocado a atender uno de los problemas más críticos que tiene Berlín que es el de la vivienda, porque hay una especulación tal por parte del capital privado que es una situación muy difícil poder alquilar, cuando el 85 por ciento de los habitantes alquilan. Die Linke propuso que el Estado intervenga pero aún no dice de qué manera.
-Queda claro que, con sus particularidades, los problemas que tienen los trabajadores berlineses son los mismos que aquellos que se padecen en Argentina y en cualquier otra parte del planeta, lo que vuelve a refirmar que es necesario pensarnos desde nuestros propios paradigmas como clase…
Sí. Creo que esa conclusión resume lo que está pasando. Lamentablemente, con el pasar del tiempo, el concepto de clase se ha ido distorsionando y perdiendo en el discurso general de la izquierda, pero como Partido Comunista seguimos creyendo firmemente en la existencia de la lucha de clases.
Alemania es el tercer país industrial del mundo, pero desde la experiencia que tengo en mi trabajo diario como profesor de colegio en una parte periférica de Berlín que está bastante influenciada por la derecha, veo una realidad que dice que uno de cada cuatro niños de esta ciudad vive en condiciones de pobreza.
Es decir que no es realista hablar de esa riqueza opulenta que se muestra de los países europeos, principalmente de Alemania, porque aquí los índices de pobreza son altos aunque quizás sea una pobreza más oculta que en otros lados, porque el Estado asume responsabilidades de asistir a familias de bajos recursos. Berlín es una ciudad que tiene muchísimos desamparados, personas que viven en las calles. Trabajo en una organización llamada “Derechos para las personas desamparadas en Berlín” y veo en esa situación a obreros, profesionales y técnicos que producto de la crisis de vivienda no pueden pagar un alquiler y acaban en las calles...en ese sentido no nos diferenciamos mucho de lo que pasa en América Latina.
Por eso es que tenemos que recuperar el carácter de clase y comprender que somos personas que vivimos del trabajo que realizamos, que ese sueño de la clase media y el emprendedor no es otra cosa que parte de un discurso neoliberal por el que se nos quiere convencer de algo que no somos. Y eso debe llevarnos a una síntesis que refleja muy bien el Manifiesto Comunista cuando dice “proletarios del mundo, uníos”. Porque tenemos una realidad y una lucha en común que resulta innegable, porque hoy por hoy, el trabajador de Sídney, de Nueva Delhy, Berlín o el de La Paz sufre los mismos problemas que tienen que ver con la explotación por parte de un sistema perverso que, cada día, pretende empobrecer más a la población para maximizar la riqueza de unos pocos que son quienes poseen los medios de producción.
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